viernes, 4 de febrero de 2011

“EL ADULTERIO EN LA EDAD MEDIA”

INTRODUCCIÓN

En la época medieval uno de los temas de gran relevancia en la vida social, religiosa y legislativa era el tema del adulterio, al igual que en la literatura poética y narrativa. Enmarcado en la época en la que el amor cortés fue tanto una creación poética, como un ideal social y un código de amor, el amor cortés se regía bajo las premisas de la mesura, servicio, proeza, larga espera, castidad, secreto y gracia, todas estas a través de las cuales permitía al poeta acceder a la alegría y al verdadero amor sin siquiera poseerlo.

Aún cuando con premisas del amor cortés muchos trovadores y poetas logren obtener la dicha que llene invada totalmente su espíritu y alma, la ausencia absoluta de toda satisfacción sexual, la suspensión del goce fálico, designa un límite infranqueable, de aquello que el hombre es privado.

La concepción del el Amor nace en el occidente medieval durante el siglo XII, descansa en la pasión emanada o con equivalente al sufrimiento y la desgracia, tomados como ideales imaginados ó deseados sobre todos los referentes sociales y personales.

A su vez el término amor abarca desde el elemento humano con fuertes connotaciones sexuales hasta amor divino del místico, pasando por la sublimación de lo erótico: pero también comprende todos los demás impulsos positivos y negativos de la conducta humana: si, es a la vez el fundamento esencial de las fuerzas que mueven el cosmos y de las que engendran todas las riquezas formales de la naturaleza humana

La construcción del fin amor descansa en dos ámbitos, por un lado toma paradójicamente elementos reales de la moral feudal: fidelidad, vasallaje, lealtad, etc. y por el otro, descansa en una red simbólica: cada elemento se sostiene de imágenes, aspiraciones y deseos que llevan una ficcionalización deliberada y cuyo significante está medianamente codificado por lo que dan una interpretación abierta o que incluso no pueden tener conciencia de sí.

El amor cortés propuso una fidelidad independiente del matrimonio, se fundamentó únicamente en el amor, su oposición simbólica puede explicarse con la existencia del marido (obstáculo para el adulterio) sin éste no habría amor y existe puerta abierta al matrimonio, lo que implicaría negar la pasión y unirse a lo que por esa misma acción deja ya de ser.

Durante los siglos XII y XIII el amor cortés lleva un ideal esencialmente negativo, de deseo resentido y de tono trágico total; el propósito es la insatisfacción del amor como creación de un contenido erótico sin renunciar a todo nexo con la mujer, es un ideal de incontinencia. Dentro de estos dos primeros siglos, el amor fue el equivalente al apetito sexual y el amor cortés fue su idealización, su freno radicó en el cuerpo femenino, el cual será atentamente vigilado en el espacio público y privado, pues anteriormente pertenecía a su padre y ahora es depositario del honor de su marido.

Estilizar el amor fue una necesidad social, se procuró dotarle de características enaltecidas y aunque la Iglesia pretendió reprimirle dando un cuerpo moral al pueblo, la aristocracia se mueve a partir de la cortesía para elaborar sus normas de conducta. Esta cortesía está presente en la poesía de trovadores, se basa en las leys d’ amors, era acompañada por la música; el poeta recurría al artificio de combinar su voz con la música para seducir los oídos de la dama. Sus cantos exaltaban un amor noble y refinado contrapuesto a lo burdo de la copulación y la reproducción. Su ideal era tanto una ascética como una estética. Había tanto la aspiración de ascender espiritualmente al contacto con el objeto amoroso como la idea de hacer una obra de arte de las relaciones amorosas, exaltando el deseo carnal fuera del matrimonio, sus virtudes son la humildad, lealtad, respeto y fidelidad.

Por otro lado, la iglesia prohibió la expresión abierta del deseo sexual, pero la noción medieval del amor cortés sugirió que el amor y la admiración podrían existir en alguna parte entre el deseo erótico y el logro espiritual.

. La fidelidad cortés se oponía al matrimonio y a la satisfacción del amor, dejando en suspenso la realización efectiva de aquél. Por otro lado, el amor cortés es refinado, cosa sublime y muestra por contraste la distinción entre corte y villa, en tanto el amor villano es supuestamente cópula y procreación. Surge así una nueva concepción de fidelidad, independiente del matrimonio legal y fundado sólo en el amor.


Las invocaciones del trovador se dirigen casi siempre a una mujer casada; característica singular de la literatura del amor cortés. Se considera que entre el amor y el matrimonio las relaciones entre los esposos no pueden ser corteses, puesto que en virtud del débito matrimonial, la esposa ya no resulta inaccesible. Además, el amor matrimonial resulta aburrido y monótono, mientras la relación cortés busca la variación.

Se han formulado diversas causas para explicar la idealización del amor adúltero o extramatrimonial. En primer lugar, en el sustrato de la sociedad feudal el matrimonio solía realizarse por intereses político-económicos; la institución matrimonial no era el cauce por donde podía fluir el verdadero amor. Esto explica la idealización del amor al margen de toda unión oficial, actitud no exclusiva de la Edad Media. En aquellas situaciones en las que el matrimonio tuvo una finalidad puramente utilitaria, la idealización de la relación amorosa comienza por sublimar la unión extramatrimonial o adúltera. El acto matrimonial, en lo que tiene de deleite, se creía llevaba asociado una cierta pecaminosidad, incluso dentro del matrimonio. Ante esta situación, la realidad matrimonial era considerada, si no pecaminosa en sí misma, sí, al menos, imperfecta en el orden de alcanzar la virtud.

Sin embargo, la mayoría de los trovadores no se manifiestan claramente sobre el estado civil de sus amadas. A menudo el lenguaje empleado en estos poemas parece ser una especie de clave que puede llevar a conclusiones erróneas. La mujer, recibe frecuentemente el tratamiento de domna; el término sugiere a una dama casada de elevada posición social pero el título puede ser simplemente honorífico y expresar el respeto que siente el poeta por la mujer, aunque sólo sea una doncella. El secreto, no obstante, de guardar y no develar el nombre de la amada es parte de la esencia del fin amor, en donde por supuesto influían las diferencias de estatus social que pudiese existir en la en la mayoría de los casos entre el poeta y la dama.
Esto no implica únicamente que el trovador encomiende su amor a una mujer casada, por el contrario de ser este el caso, no existía prueba alguna hasta consumarse el acto de alcanzar los deseos más sublimes y carnales, es decir, traspasando la línea de juramento de fidelidad del amor sin la obtención de algo a cambio.

El adulterio no implicaba de ningún modo la incompatibilidad y la realización entre el amor y el matrimonio, por lo que el amor podía ser adultero, pero también podía sobrevivir y florecer en el matrimonio como lo atestiguan cantidades de poemas y cuentos de la literatura medieval.

En cuanto al ámbito religioso, tanto para la religión cristiana como para la judía y musulmana, el adulterio es un pecado grave y merecedor de severo castigo desde años de penitencia, hasta la muerte. Desde sus inicios el cristianismo y las Iglesias medievales consideraron el adulterio como un pecado que podían cometer el hombre y la mujer, y que como tal acarreaba penitencias que nunca debían acabar en muerte. Partiendo de la tradición judía, el cristianismo terminará elaborando una nueva visión del matrimonio y, con él, del adulterio. Al convertirse en un sacramento, la ruptura de la fidelidad matrimonial era un comportamiento igual de censurable para el hombre y para la mujer, tal y como establecieron los padres de la Iglesia San Pablo y San Agustín1

Cuanto al castigo cristiano era en estos casos la penitencia, para el hombre o la mujer, la sociedad secular tendía a ignorar el adulterio masculino, pero condenaba a muerte o mutilación a la adúltera. La cuestión más importante no era si debía ser matada, sino quién tenía el derecho de matarla, el padre o el marido .

Sin embargo, en sus primeros tiempos se mantenía la idea de que era más grave, y por tanto merecedor de un castigo más severo, el adulterio de la mujer, considerado como un delito femenino porque es una ofensa a la honra del varón al que deben estar sometidas las mujeres

Desde el punto de vista de la legislación penal medieval se va a mantener el delito de adulterio en todos los códigos y textos legales; aunque, al margen de algunas concepciones generales comunes en toda la Europa cristiana, existe una gran variedad de matices, según épocas y lugares.
Según la tradición del Derecho Romano, que marcaba una notable desigualdad penal entre ambos cónyuges a favor del varón en caso de incurrir en una relación extraconyugal. En principio simplemente fue un delito de naturaleza privada, pero a partir de la lex Julia de adulteriis pasó a ser considerado público.
Por lo que, la ley Julia romana permitía que el marido matara al amante y que el padre de la esposa matara a ambos adúlteros si los hallaba juntos. Si el marido mataba a la mujer o el padre de ella mataba solamente a uno eran perseguidos pero las penas eran menores que si no se hubiera cometido un adulterio
Según el Derecho Castellano, el marido estaba facultado para matar a los adúlteros si así lo deseaba y para disponer de sus bienes como quisiera. Ahora bien, y como se recoge en el Fuero Real ( ca. 1252-1255), no podía vengar la afrenta sufrida con la vida de uno solo de los adúlteros y perdonar la del otro; o los dos o ninguno.
En la época de Augusto se castigaba al adulterio cometido por la mujer casada que mantuviera relaciones extramaritales y por el varón, (casado o no) que mantuviera relaciones con mujer ajena. En ambos casos se sanciona es el fraude y el engaño, respecto a la posible descendencia, que sufre el marido. En ningún caso el varón casado podía ser acusado por su mujer de cometer este delito por mantener relaciones extramaritales, aunque según cómo y con quién las tuviera podía incurrir en otros tipos delictivos. Por lo tanto, el tratamiento penal del adulterio en la legislación de Augusto no se aplicaba simétricamente a ambos sexos, mientras que en la esfera de lo civil la infidelidad del varón casado sí podía usarse como argumento para que una mujer obtuviera el divorcio.

Otro aspecto importante en cuanto a las penas impuestas por adulterio en la legislación de Augusto, la mujer adúltera perdía la mitad de su dote y un tercio de sus propiedades, quedando además relegada a la categoría de probosa, que la equiparaba a las prostitutas y le impedía volver casarse con hombre libre. Por su parte, el hombre acusado de adulterar con mujer casada perdía la mitad de sus bienes y era condenado además al exilio.

El Código Justiniano, hizo más difícil para el marido engañado poder matar a su mujer con impunidad legal. Según la Novelae 117, del año 542, el marido engañado debía dar tres avisos escritos a los adúlteros, cada uno delante de tres testigos fiables, y si después de tres avisos volvía a encontrarlos juntos, entonces podía matar al amante. A la mujer no la podía matar sin ser acusado de asesino aunque la hubiera acusado previamente de adulterio. Beaumanior y otros autores desarrollaron esta misma idea a lo largo de la Edad Media.

El derecho germano reconoció al marido el derecho de matar a ambos con total impunidad si los sorprendían juntos. Los visigodos asignaron el mismo derecho al marido, al padre y a los hermano de la adúltera.
Para la sociedad medieval los deslices de los (as) cónyuges representaban un carácter de gravedad al contribuir a la subversión y destrucción del orden social. En primer lugar, al poner en peligro el orden natural de la descendencia y la transmisión de la herencia familiar con la introducción de la bastardía, lo que ocasionaba la mayor afrenta a la cohesión del grupo parentelar.

En este sentido no era solo la iglesia la que desaprobó el adulterio y la fornicación, eran también los nobles, que quisieron estar seguros que cualquier niño de su mujer, era realmente suyo. Porque ir a la lucha y regresar luego de meses y ver a un recién nacido, era algo bastante delicado y comprometedor.

Una historia de la vida real del amor cortés implicó al rey Felipe IV de Francia (también conocido como "El rey de Mármol o el Rey de Hierro”), quién descubrió que sus dos hijas habrían engañado a sus maridos con algunos de sus caballeros del palacio real. Entonces enviaron sus hijas a los monasterios y los dos amantes fueron juzgados y condenados por el crimen de lesa majestad, siendo ejecutados en la plaza pública de Pontoise: despellejados vivos, sus genitales fueron cortados y tirados a los perros, finalmente decapitados y sus cuerpos arrastrados y luego colgados por las axilas a la horca. Las doncellas, jamás regresaron a casa. En realidad, había una actitud más clemente, especialmente en poblaciones rurales donde los jugueteos sexuales eran rutinarios. Los sacerdotes intentarían a menudo forzar a los pecadores a casarse, y todos serían perdonados. Si la unión era inadmisible, los castigos podrían implicar años de penitencia.
En segundo lugar, de estas relaciones extraconyugales de las mujeres nacían deshonras; eran un atentado al honor del marido y de la familia, a su buena fama pública, que exigía ser restituida con el recurso a la sangre, a la violencia, con lo cual se producía una alteración de la paz ciudadana.
Esta consideración social del delito condujo a que el empleo del término adulterio quedara reservado exclusivamente para la falta en las mujeres y se utilizara el de «amancebamiento» en los hombres; y a la postre supuso una mayor sanción penal para aquéllas.
El tema del adulterio, podría decirse que aparece, junto con la separación geográfica y la estratificación social, simplemente un «topos» más, que en ciertos poemas convierte a la dama en un ser inaccesible . La lírica de los trovadores nunca pretendió describir la realidad. De todos los géneros literarios, la lírica es, sin duda, el más subjetivo y menos anclado en la realidad cotidiana. La forma del poema es igual de importante que su contenido y a menudo éste refleja más el sentimiento que la experiencia real.

El autor de origen francés Chrétien de Troyes es uno de los pioneros en postular una relación adúltera entre Lanzarote y Ginebra, la reina de Arturo, en su Caballero de la carreta (1177), en el que el amor cortes se consuma en acto sexual, no sólo se infringen las leyes del fin amor, sino que se basa en una relación adúltera, en la que el caballero obedece todas las órdenes de su dama, incluso las que tienden a humillarle.

Las versiones de Lanzarote del siglo XIII y posteriores, tanto francesas como alemanas, convierten la historia de los amantes en una tragedia, igual que en el caso de Tristán e Isolda; su relación adúltera es un pecado.

Así, la leyenda de Tristán e Isolda, relato de origen celta, muy popular en los círculos cortesanos del siglo XII, es la historia de adulterio más perdurable de la literatura medieval y fue traducida a casi todas las lenguas europeas

La literatura muestra múltiples visiones de los temas, según quien escriba, y pocos son los testimonio literarios en los que es una mujer la que menciona el adulterio. Puede servirnos de ejemplo una composición en la que es una trovadora, la condesa Beatriz de Día, la que se dirige a su amante:

«Bello amigo, amable y bueno
¿Cuándo os tendré en mi poder?
Podría yacer a vuestro lado un atardecer
y podría daros un beso apasionado.
Sabed que tendría gran deseo
de teneros en el lugar del marido,
con la condición que me concedierais
hacer todo lo que quisiera»


El punto de vista sobre el adulterio que refleja este testimonio literario femenino es bien distinto al que podemos ver en autores masculinos. Para Beatriz el hecho del adulterio en sí queda relegado a un segundo plano que casi pasa desapercibido, ya que el deseo y la pasión amorosa sin sentimiento alguno de culpa parecen el eje central del poema. No aparece la mofa hacia el marido y tampoco hay ningún interés moralizador.

Sin embargo, algo puede deducirse de la visión que tiene esta mujer sobre el matrimonio. El amante ofrece sin duda la consumación de un deseo carnal que no despierta el marido, pero, sobre todo, los versos finales nos hablan a las claras de otro aspecto interesante de la relación adúltera desde el punto de vista de la mujer: frente a un marido impuesto ante el que hay que adoptar una posición de sumisión, el amante, elegido libremente, ofrece la posibilidad de mantener una relación de mayor libertad, una relación en la que la mujer pueda hacer todo lo que quisiera.


Ante lo expuesto hasta ahora respecto a la concepción del amor, de la fidelidad, del adulterio en parejas durante la edad media, es oportuno revisar la consideración actual que se tiene respecto a la perdurabilidad del amor, basada en las encuestas realizadas. ¿El Amor es eterno?, más de la mitad de la población entrevistada indicó con el 50,96% que NO, seguida por 36, 2% SI, no necesariamente un 9,67% y finalmente un 3,22% no lo sabe.

Otra de las interrogante ¿se puede amar a una persona sólo o a varias al mismo tiempo? Un 53,54% indica que NO, un 41,29% responde que SI, 3,87% no necesariamente y un 1,29% no sabe.

Generalmente, la concepción del amor eterno, es inculcada desde el carácter religioso, concebido el matrimonio como sagrado sacramento, en la que se reza textualmente al final de la litigia…hasta que la muerte los separe. En un principio el matrimonio era más un contrato legal entre parentela, con el fin de conservar y mantener el estatus social, en el caso de la nobleza y clases acomodadas; más que por el sentimiento del amor. Esta visión se ha transformado, existe mayor libertad de escogencia de la pareja. Considero que el sentimiento del amor si sea eterno, pero el sentimiento hacia una persona (pareja) es alterable y su perdurabilidad se obtiene en la medida en que se nutre, se construye, en el comprender y sentirse parte del otro, sin apartarse o perder la esencia propia.


CONCLUSION

En la época medieval, se concibe adulterio como un pecado grave merecedor de castigos, en ocasiones hasta llegar a ocasionar la muerte, en general la mujer era quien se consideraba más culpable por causar deshonra al marido, sin embargo, la dama adquiere mayor valor dentro del amor cortés.
En la actualidad, aún existe adulterio, infidelidad, nos podríamos preguntar si no se nos obliga a contraer nupcias con alguien que no se desea físicamente, ¿porqué perdura?, y considero que el hombre se ha apartado más de las reglas del amor cortés y da prioridad y satisface más al deseo carnal, muchas veces sin sentimiento alguno hacia la persona.

BIBLIOGRAFÍA

Cazenave, Michel. El arte de amar en la Eda Media. Barcelona. Medievalia, 1997, p.p. 177.
Capellanus Andreas: De amore / Tratado sobre el amor, Barcelona: EI Festin de Esopo ed. de Ines Creixell Vidal-Quadras, 1985
Duby, Georges, EI amor en la Edad Media y otros ensayos. Madrid: Alianza, 1990.
Duby, Georges, Mujeres del siglo XXI: Santiago de Chile. Editorial Andrés Bello, 1995, pp. 224.

García Gual, Carlos. El redescubrimiento de la sensibilidad en el siglo XII: el amor cortes y el ciclo artúrico..Madrid, Ediciones Akal, 1997, pp. 64.

Kurt, Leonard. Dante. Barcelona, Salvat editorial, 1985, pp. 213 .

Lafitte- Houssat, Jacques, Trovadores y Cortes de Amor, Buenos Aires. Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1963.
Lewis, C. S., La alegoría del amor. Estudio sobre la tradición medieval, Buenos Aires: EUDEBA, 1969.
Otis-Cour, Leah. Historia de la pareja en la Edad Media: placer y amor, Madrid: Siglo XXI, 2000, pp. 217.




















El poder divino del roman de la rose

El poema del roman de la rose, es un excelente obra literaria que trata acerca de la concepción mágico-religiosa del amor, donde se esbozan alegorías y representaciones humanas de la vida medieval. La presente investigación abordara el tema del poder divino hallado en este poema romancero.

La experiencia del fin amor en Dante y las beguinas: un camino para la purificación del alma y la exaltación espiritual.

El mejoramiento del ser en el terreno espiritual siempre, en todo tiempo y cultura, ha requerido seguir un camino de pruebas con la guía de un ser (o seres) iluminado(s) hasta alcanzar un grado superior de conocimientos y entendimiento sobre la vida terrenal y su proyección espiritual.

Planteamos este trabajo desde la óptica de establecer cómo, en dos espectros sociales tan distintos del fin amor, se llega al fin, fin que es una unión perfecta con algo más elevado y puro. Y es mediante el lenguaje en la experiencia que logramos ver esto.

Usaremos para esto la obra de Dante “La vida nueva” y textos fragmentados de Hadewijch de Amberes, Matilde de Magdeburgo y Beatriz de Nazaret.

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SOBRE LA CONCEPCIÓN E IMAGEN DEL DESEO EN LA LITERATURA TROVADORESCA MEDIEVAL.

Introducción:

La imagen del amor construido a través de la masculinidad es la gran innovación de la historia en la edad Media; además, este imaginario y realidad del amor cortés naciente en el siglo XII va estar presente hasta nuestros días adquiriendo en la sociedad actual un código de identidad. Uno de los exponentes más importante es Dante, él describe en su obra la Vita Nuova la búsqueda del sentimiento amoroso que logra conectarlo con el fuego del corazón y el deseo espiritual- secreto convirtiéndolo en un juego amoroso.

I. El Amor Cortés y el Dolce Stil Nouvo.

El amor cortés es un código de comportamiento que surge en Francia en el siglo XII influenciado con las representaciones de la caballería y del feudalismo. Este sistema funcionaba por medio de ciertas reglas elaboradas en los poemas o canciones de los trovadores escrito en lengua de oc (provenzal) y en lengua de oïl (francés antiguo). Se inspiraron en la antigua percepción griega del poema lírico como composición vocal, lo cual sus poesías y canciones son los primeros ejemplos literarios en una lengua distinta del latín que toma mediante las armonías y compases copiados de la música popular. En un primer instante los trovadores escribían sobre la sátira, la política, y el amor pero luego solo van a centrarse en la temática del amor, el enamoramiento y las pasiones.
El código funcionaba por lo general cuando un caballero enamorado de una mujer casada o muchas veces perteneciente a la nobleza, le mostraba su admiración a través de hazañas heroicas y mensajes amorosos, presentados de manera secreta a su dama y debía mantenerse en anonimato; así, se convertía en servidor de su Dama elegida. En la obra de Denis de Rougemont llamada “El Amor en Occidente” define al amor cortes…”como una reacción de la caballería contra la anarquía brutal de las costumbres feudales” (47). Este nuevo concepto de amor logra transformar a la imagen de la mujer y la pondrá en el pedestal de Dama (domma), mientras que al caballero enamorado sólo es el vasallo de la dama.
En la Edad Media, la mayoría de los matrimonios de la nobleza eran contratos de negocios convirtiendo al amor cortés en una forma de adulterio aceptado; ya que, no era una amenaza al matrimonio ni al sacramento religioso; de hecho, la infidelidad entre los amantes era tomada más pecaminosa que el adulterio de esta relación extramarital. Por lo cual, esta poesía mostraba la ética del amor cortés, un amor sensual bastante opuesto al concepto tradicional cristiano.
Conjuntamente con los trovadores, estaban los llamados juglares. Estos personajes eran itinerantes, iban de pueblo en pueblo entreteniendo al público analfabeto y muchas veces cantaban en las cortes las canciones escritas por los trovadores.
A partir del Amor Cortés, nace en Toscana, Italia a finales del siglo XIII el llamado Dolce Stil Nuovo. Este estilo poético es la herencia de los trovadores provenzales, se basa en el amor cortés y los elogios de la dama; además, el deseo, los celos, la espiritualización e interiorización del sentimiento amoroso, la ambigüedad enigmática, la importancia de la mirada, la presencia física, el luto de amor o la manera de expresar es escrita en forma de balada, soneto o prosa.
Guido Guinizelli es considerado uno de los fundadores este movimiento y de él se conoce la primera definición del Dolce Stil Nuovo “… el amor es como una virtud que sólo podían experimentar las almas y corazones nobles y que suscitaba la belleza de la dama”. Dante en el capitulo XX de su obra Vita Nouva escribe “…amor y buen corazón son la misma cosa” (56-57), esta obra consigue que su historia de amor con Beatriz se transforme en el elemento de la exaltación espiritual y sea la intermediaria entre el cosmos terrenal y celestial, entre la experiencia sensual del amor y la invención poética.

II. El deseo: móvil de la literatura Trovadoresca.

A partir del siglo XII la figura de la mujer sumisa se transforma en una mujer inalcanzable. El trovador contempla y admira a su amada no solo físicamente, sino espiritualmente; además, el deseo de la mirada idealizada por el poeta hace que sus sentimientos muestren a la mujer como un medio del deseo más que como un fin exponiendo que el amor cortés no insiste en el deseo de la mujer sino el propio de ellos convirtiéndolo en el móvil de la lírica.
Estos poemas escritos por hombres empieza a llegar a manos de mujeres que son esposas, hermanas o hijas de grandes señores que tenían relación con trovadores, así tuvieron la oportunidad de aprender el arte de trovar y componer utilizando el mismo código y formas retóricas trovadoresca masculina llamadas Trobairitz.
Las trovadoras muestran el deseo propiamente de la mujer, ellas aceptan la abstracción del juego amoroso, respondiendo con las mismas reglas del amor cortés basándose en su propia experiencia. Así lo expresaría Azalais de Porcairagues, originaria de los alrededores de Montpellier, al este de Béziers, se sabe que le dedicó varios poemas a Raimbaut de Aurenga , especialmente se conoce el poema que le dedica Azalais a Raimbaut por motivo de su muerte, allí se evidencia el deseo femenino y la relación amado y amante:

“Tengo amigo de gran valor
que señorea sobre todos
y conmigo no muestra corazón traidor,
pues me entrega su amor.
Digo que le adjudico mi amor
y que Dios de mala suerte
al que diga que no lo hago,
pues me considero muy a salvo.” “Hermoso amigo, gustosamente me he
comprometido para siempre con vos,
con mi cortesía y agradable aspecto,
con tal que no pidáis cosa ultrajosa.
Pronto llegaremos a la prueba,
pues me entregare a vuestra merced:
me habéis jurado no exigirme falta.” (Riquer Los Trovadores 462.)

El ejemplo de este poema conforma la percepción de la mujer sobre el deseo y de su propia belleza. Los pocos versos que se mantienen nos muestra una vez mas que este arte fue dominado por la escritura masculina, las mujeres que se atrevían a trovar debían mantener las reglas de las retóricas ya impuestas. Las mujeres medievales pudieron de alguna manera tejer sus identidades a través de la experiencia de componer poemas, también su realidad fue vista desde el papel protagónico de Dama que conforma el esquema del vasallaje medieval.
Así el deseo expresado en los poemas caracteriza la esencia del amor cortés que toma un carácter platónico al no tomar a la mujer como fin sino como medio para llegar a un estadio de excelsitud en el que el amor y el deseo se tornen en un valor necesario e infinito, ya que constantemente reviva en el deseo del amante ante la no obtención del satisfacción carnal; con esto se compone la belleza y sensualidad de la realidad; además, la idealización del perfeccionamiento del espíritu del amante que aparta el elogio físico del cuerpo femenino debido a las reglas de amor cortés, unido a las creencias folklóricas que relacionaban el cuerpo de la mujer a la magia y lo misterioso, estas conjeturas pueden justificar la censura de la devoción física del cuerpo femenino.
Por lo tanto la dama espiritualmente se convierte en el trayecto de la perfección del deseo platónico,”…ella no participa en la recompensa del proceso, tal vez por que ya sea descrita en términos de perfección frente al amante, inferior en este aspecto. Sin embargo, cuando el amante ha llegado al estadio de perfección idílica, lejos de concretizar sus deseos, prefiere deleitarse en la esfera de lo abstracto, en la superación de sí mismo. Por ello, el amor cortés no puede ser nunca un deseo puramente sexual, tal y como reflejan los trovadores occitanos que poco a poco configuran los entresijos literarios. “(Pradas, De la Canción Medieval a los Solares 126).

En el tratado de Andreas Capellanus llamado Tractatus d'amore distingues dos tipos de amor:
Amor Purus Amor Mixtus
“el que une los corazones de los amantes con toda la fuerza de la pasión; consiste en la contemplación del espíritu y de los sentimientos del corazón; incluye el beso en la boca, el abrazo y el contacto físico (…) con la amante desnuda, con exclusión del placer último, pues este está prohibido a los que quieren amar puramente. El énfasis de este amor está en las emociones que se mezclan con el deseo sexual, a diferencia del amor platónico que se centra en lo espiritual”. (Vidal-Quadras, Andrés el Capellán 64) “El que incluye todos los placeres de la carne y llega al último acto de Venus. [...] éste también es un amor verdadero y digno de elogio; incluso se dice que es causa de todo tipo de bienes aunque por él amenacen muy graves peligros, reconoce la devoción a la dama en su dimensión más pura sin abandonar el deseo carnal en su lado más impuro.”(64).

Esta teoría del amor surge como renuencia, de un amor corporal y público, donde lo espiritual y secreto la convierte en un código de comportamiento de la aristocracia y sea su forma ver la vida.
Así lo demuestra Raimbaut d’Aurenga en el soneto dedicado a su amada
Azalais de Porcairagues:
“(Han pasado ya cuatro meses
-sí, que me parecen más de mil años desde
que me concedió y prometió
que me daría lo que más quiero.
Señora: ya que tenéis preso a mi corazón,
Dulcificadme lo amargo con dulzura.
¡Dios, socorro! ¡En el nombre del Padre, y del Hijo, y del
Espíritu Santo! ¿Qué será esto, señora?)” (Riquer 418)
El deseo es una manifestación platónica del amor, el se disfraza pero nunca desaparece pues perdería el sentido del amor cortés. Algunas veces, la amada daba como privilegio una mirada o podía conceder un beso como prueba en virtud de amante-amada siguiendo las criterios que define el amor cortés; sin dejar atrás el sello de la relación feudal- vasallaje entre la Dama y el caballero; a la vez cumplía la función del deseo a través de la inspiración poética exponiendo a la Dama como su musa.
“El amor cortés responden a las ansias de esa época y de una cierta clase social noble refinadas. “Juego sutil” y “fantasías caballerescas”, que se desdibujan sobre una realidad histórica mucho mas dura, sórdida y brutal. Las mujeres estaban mucho peor tratadas en la realidad medieval que las bellas y gentiles damas y damiselas seductoras en la novela, incluso la de alta cuna, mientras que los villanos y villanas no están admitidos en este juego.” (García El Redescubrimiento 58).

El sistema del amor cortés funciona en la aristocracia: para amar hay que tener sangre noble. Pero, ¿donde quedan las mujeres del campesinado? En la Edad Media se pueden diferenciar dos tipos de mujeres, las que forman parte de la nobleza y las plebeyas. Estas, ultimas no tienen el mismo tratamiento de dama inalcanzable pero tiene un cierta relación con el amor cortés; ya que, algunos trovadores se dedicaron a escribir pastorelas que son composiciones que relata el encuentro en el campo de un caballero con una pastora (calificada muchas veces como villana), a la cual intenta seducir. Esta es una composición dialogada, con un lenguaje agudo y vivo. Su nombre deriva a que la mujer es una pastora con la que el seductor muchas veces violento intenta abusar de ella y de sus servicios.
La muestra del deseo de estos poemas líricos que son considerados “no-corteses” hace referencia a lo carnal mas que lo espiritual. Además, no cumple la regla más importante del amor cortes: sólo pueden amarse dos personas que sean corteses; es decir, nobles de nacimiento.
En la siguiente pastorela de Cerverí de Gerona describe como el caballero entra en relación con la pastora y quiere lograr hacer el amor con ella, a pesar de que esta al tanto que la relación con el caballero le puede afectar más que favorecer por la separación social.
I
Entre Lérida y Bellvís,
cerca de un río, entre dos jardines,
vi, con una pastorcilla,
un pastor vestido de terliz;
y yacían entre flores de lirio,
besándose bajo la hierba fresca;
y nunca pastora más bella,
más graciosa y más vivaracha,
no creo que existiera; ni creo haber visto
que a mis ojos fuera tan agradable
ni en Francia ni en Castilla.
II
Contemplé bien su rebaño,
y vi que un sirviente se lo llevaba
el cual a los dos lo había robado;
y empecé alto a gritar:
-¡dejadlo, no podéis marchar!-,
y el sirviente hizo a mi gusto;
y cuando vi que lo hacía
voy tomarlo (el rebaño), que no me placía
irme con él a pelear;
Y fui a un huerto a cerrarlo,
después volví allá de dónde venía.
III
Cuando volví cerca del jardín,
la pastora gritar sentí:
-¡Ay desgraciada!, ¡mal año nací!
todo gozo se convierte en dolor a la larga:
Mientras mi amigo estaba conmigo,
no pensaba que pudiera estar tan preocupada
¡ay! dulzura: rápido me ha pasado,
¡y se ha vuelto grande dolor!
Decidme, señor Cerverí,
si habéis visto ganado en el camino,
que yo me lo temo en desbandada.

IV
-Si el ganado que habéis perdido,
moza, yo os lo hubiera vuelto,
¿cuál recompensa recibiría?
-Señor, de vos haría amante,
y me lo habríais vendido caro:
pero en mal momento se cambia perdiendo.-
Juntos hacemos nuestro camino
allá dónde el ganado apacentaba;
y, cuando por sí sola lo reconoció:
-Señor -dijo ella,- Dios os ayude,
id, que no haré nada.
V
-Moza, no sería correcto
si me rompierais vuestra promesa.
-Señor, es causa corriente:
no os maravilléis si yo os miento,
porque conmigo os han mentido más de cien;
y soy de vos gentilmente escapada:
se debe tomar su sueldo
que le es dado inmediatamente;
porque quien tiene la oportunidad y deja pasar el tiempo,
pierde su tiempo muy neciamente;
y la mujer pronto cambia.
VI
-Moza, disfrutar no me gusta
ni yacer con mujer irritada.
Si tuviera gozo, ¡y vos arrepentimiento...!
-No sería causa digna.
-Pero ahora ¡me debe ser dada!
VII
Señor, la cosa conseguida
a la fuerza es cosa desagradable,
no se tiene que hacer, porque yo me arrepiento
-Pero quiero oír juramento
del Infante, de quien me gusta el mérito.
VIII
A la Vizcondesa amable,
moza, de Cardona me remito,
porque el amor no es provechoso si es forzado. (Riquer 1576- 1579)

En efecto, se muestra la imagen de una pastora doncella que invita al señor a que tome su virginidad afirmando el latente deseo erótico sobre ella.

III. La imagen del deseo en la obra de Dante: la “Vita Nuova”.
La Vita Nuova escrita por Dante Alighieri entre 1292 y 1293, muestra la influencia de la lírica amorosa trovadoresca de la región Provenzal y la poesía del movimiento conocido como Dolce Stil Nuovo. Esta obra desarrolla las emociones del autor de una manera sublime, espiritual y mística convirtiéndola en una de las grandes obras de la literatura medieval. Además, representa lo femenino y la caracterización de deseo como emoción conectoras de lo espiritual-secreto que conceptualiza y edifica un nuevo paradigma del deseo amoroso y la creación literaria transformada en el motor fundamental de la hermenéutica artística literaria actual. El I Capitulo dice:

“En aquella parte del libro de mi memoria, antes de la cual poco podía leerse, hay un epígrafe que dice Incipit vita nova . Bajo este epígrafe se hallan escritas las palabras que es mi propósito reunir en esta obrilla, ya que no en su integridad, al menos sustancialmente.” (Dante Vita Nuova 3)

Estas palabras están enlazadas con la idea de San Agustín sobre la reflexión sobre la unión de Dios (que según el teólogo se encuentra dentro de cada uno de nosotros) y la palabra del corazón originada en lo místico y divino que se transmuta en una palabra (verbum oris). Igualmente, Santo Tomás afirmaba que al escribir transcribimos sensaciones de nuestra vida y memoria; la mente como las palabras son la representación interna de las cosas externas. Así, Dante sigue estos lineamientos haciendo hincapié que el tema del amor y el deseo guardada relación con la lengua. En la Vita Nuova y en sus otras obras, defendía la idea que la poesía debía escribirse en la lengua natural del poeta, esto le servia para comunicarse y presionar su propio yo interior.
La Vita Nouva se convierte en un discurso ideológico y místico, presenta al amor como si fuese un elemento que se forma de si mismo y que siente dolor o pasión como cualquier persona. En el capítulo XXV:

“Aquí cualquiera persona digna de que se le aclaren las dudas podría dudar de lo que digo acerca de Amor, tratándolo como si fuera una cosa en sí, y no sólo sustancia inteligente, sino como si fuese sustancia corpórea. Lo cual, a decir verdad, es falso, pues Amor no existe por si mismo como sustancia, sino que es un accidente en la sustancia. Que yo hablo de él como si fuera cuerpo y, más aún, como si fuera hombre, despréndese de tres cosas que digo de él. Primeramente, digo que le vi venir de lejos; pero como venir implica movimiento local, y como, según el filósofo, sólo el cuerpo es localmente móvil, se deduce que considero a Amor como cuerpo. También digo de él que reía y hasta que hablaba, lo cual- especialmente la risa- parece propio del hombre: por tanto, es evidente que lo considero personificado.” (Dante 39).

Esta visión del deseo está inscrita en la memoria, en la imaginación y en los sentimientos del autor. La imagen del deseo se presenta ante la figura de Beatriz a través del dolor, la pasión, el alma y el corazón de Dante.
Ejemplo en el capitulo XV de la Vita Nuova se expone por primera vez la palabra deseo como la búsqueda de la mirada de su amada hacia lo eterno y femenino.
“Si no me cohibieran mis facultades y tuviese desenvoltura para contestar, diríale que, en cuanto me pongo a considerar su admirable belleza, me acomete un deseo tan poderoso de verla, que destruye y aniquila cuanto en mi memoria se le pudiera oponer. Así es que los padecimientos pasados no son obstáculo para que procuré verla.” (Dante 20).

Además, Dante le dará importancia a la figura de la mujer como sujeto sociocultural y no como propiedad del hombre, ella representará el corazón noble resaltando la mirada, el dolor y el simbolismo del amor espiritual del alma que arde por la belleza de la dama. Por lo tanto, la imagen del deseo no es vista como una forma sexual, sino describe y busca el sentimiento amoroso conectarlo con ese amor superado por la distancia y el fuego del corazón. Esta percepción de la mujer como espíritu e intelecto se relaciona con la categoría del universo femenil cuando describe a su amada Beatriz como el alivio de su alma.
El amor y la cortesía son elementos necesarios entender esta idea del deseo dantesco definido como un sentimiento de amor fijo en el corazón y el alma conectados en uno sólo. Además, las alabanzas y expresiones de deseo son las metas hacia la luz e imagen de la naturaleza que encarna Beatriz.
Dante se basa en el concepto de tiempo aristotélico, esta unidad de cálculo medía el movimiento de los cuerpos celestes que influía en la naturaleza de la tierra y en los humores de las personas . Con la llegada de la muerte de Beatriz (el objeto del amor), Dante enfrenta la muerte como una enfermedad de deseo melancólico que explicó Guido Cavalcanti . Él habla sobre la figura del deseo doloroso que empuja al debilitamiento de la persona. Esta disertación de la teoría sobre la enfermedad del amor asociada con la teoría de los cuatro humores donde el amor estaba asociado a la sangre y al órgano del corazón. En la Vita Nuova en capitulo XXIII dice:
“Pocos días después sucedió que en determinada parte de mi cuerpo me sobrevino una dolorosa afección, en virtud de la cual estuve sufriendo y penando nueve días de una manera muy amarga, lo cual me causó tanta debilidad, que hube de estar como los que no pueden moverse. Al noveno día, sintiendo unos dolores casi intolerables, me puse de pronto a pensar en mi amada, y, luego de haber pensado cierto tiempo en ella, volví mis pensamientos hacia mi debilitada vida, y viendo cuán breve sería su duración, aun estando sano el cuerpo, comencé a llorar internamente por tanta desgracia. Con fuertes suspiros decía para mí: «Alguna vez tendrá que morirse la gentilísima Beatriz… [zic] Estoy viendo el principio de toda paz.» Con esto, sentíme tan anonadado que llamaba a la Muerte, diciendo: «¡Ven a mí, dulcísima Muerte! No me seas cruel, pues debes ser noble, a juzgar por donde has estado. ¡Ven a mí, que tanto te deseo! ¿No ves que ya tengo tu mismo color?» Y cuando vi realizadas ya las dolorosas ceremonias que con los cuerpos de los difuntos es costumbre hacer, parecióme que volvía a mi estancia y que desde allí miraba al cielo. Y tan exaltada estaba mi imaginación, que, llorando, dije con voz verdadera: «Oh alma hermosísima! ¡Feliz quien te contempla!» Y cuando, con dolorosos extremos de llanto, pronunciaba estas palabras y llamaba a la Muerte para que se llegara hasta mí, una mujer joven y bella que se encontraba junto a mi lecho, creyendo que mi llanto y palabras obedecían sólo a los dolores de mi enfermedad, comenzó también a llorar con gran espanto, por donde otras mujeres que en la estancia se hallaban se percataron, por el llanto de ella, de que yo lloraba.” (Dante 32-33).

Dante plantea la concepción del deseo por la muerte de Beatriz, explicando que el deseo de la muerte y destrucción es el componente importante de la naturaleza de la razón, la muerte es y será un enaltecimiento dentro de su ideario teológico y metafísico del cosmos. Este retrato del trayecto de la muerte consiente en el control de la razón, cuanto más próximo es el esencia deseada mayor será el latido de la intuición sensual, la razón constituirá el recuerdo del alma de su amada. En el capítulo XXXVIII de la Vita Nuova:
“En dicho soneto hago dos partes en mí, con arreglo a la división de mis pensamientos. A una parte llamo «corazón», o sea el deseo, y a la otra, «alma», o sea la razón. Y refiero cómo hablan entre sí. Que es propio llamar corazón al deseo y alma a la razón, resultará evidente para quien me place que me entienda. Bien, es verdad que en el soneto anterior tomo el partido del corazón contra el de los ojos, lo cual parece contrario a lo que digo en el inmediato siguiente; no obstante, también allí tomé el corazón por el deseo, pues que mayor anhelo tenía yo de recordar a mi gentilísima amada que de ver a ésta, si bien tenía de ello cierta apetencia, ligera al parecer, con lo cual se demuestra que lo allí dicho no se opone a lo que aquí se dirá.” (Dante 56-57).

IV. La concepción e imagen del deseo en la contemporaneidad:

A partir de los resultados de la encuesta elaborada se puede interpretar que en las últimas décadas se ha delineado una situación cultural en la que se han saturado las manifestaciones de lo moderno en las sociedades industriales avanzadas y en la que la realidad se elabora a través de procedimientos dispersos y poco controlables; con esto surge de la decadencia moderna del amor, de la noción de persona y el ocaso de la idea del alma. Por lo tanto en la actualidad el concepto del deseo es tomado como un sentimiento de apetito que exige la intervención de la voluntad para dirigir la acción hacia la posesión, conocimiento o disfrute de algo; es un impulso asociado a la idea de un objetivo.
El deseo inalcanzable ha desaparecido en el mundo actual ya no seria entendido en la época de los trovadores y de Dante donde el deseo es una espiritualización metafísica y la mujer es mediadora de conocimiento y elevación interior, intermediaria y guía hacia la trascendencia divina. Así, el amor y la mujer ya no serán los únicos temas considerados para la creación, nuevas inquietudes de lo autores contemporáneos el problema de la expresión de la interioridad buscará nuevos enfoques que lleva a lo psicólogico, y claramente a lo sexual. Sin embargo, los clásicos de la literatura medieval retumban en las ideas actuales sobre el amor.
Desde Dante como punto originario abre senderos literarios que a su vez han llevado a nuevas caminos culturales, el deseo dantesco y sus concepciones han sido para la cultura occidental un túnel para adentrarse y desde el seguir la tarea creativa, su influencia se disuelve en la modernidad no por la idea de que haya perdido vigencia, sino por su representación inaugural de la tradición trovadoresca y ha asentado fuertemente su influencia. Autores modernos recurren a Dante conscientemente para construir sus escritos o si sencillamente se integran en el resultado de su discurso por corresponder a una modernidad que no se concebiría sin su tarea lírica e intelectual.

Conclusiones

La concepción del deseo pertenece a todas las sociedades y civilizaciones; el amor, es una invención de Occidente que nace en Provenza, como una creación poética que transfigura las normas y una ruptura de los vínculos, ya sean familiares o de clase, raciales o conyugales. El amor cortes es el culto secreto de Occidente que exalta al amor espiritual y al mismo tiempo lo condena como una pasión carnal. Por lo tanto esta diferencia entre el amor espiritual y carnal se puede esclarecer mediante la idea del amor que implica elección de un cuerpo y un alma únicos como una sola persona; con esto el simbólico de amor cortés es la persona a través de lo platónico y cristiano (el alma) y una transgresión del cristianismo y el platonismo: esa alma única es inseparable de un cuerpo también único.
La literatura medieval provenzal, se ha convertido en una herramienta para intentar esclarecer y comprender la imagen del deseo medieval; a través de ella se puede desentrañar la sensibilidad y los ideales de la edad media europea (exactamente en la Baja Edad Media) que constituye la exaltación de la dama noble a través de su belleza física y moral superior al hombre. Este nuevo escenario hizo que los caballeros adoptaran el código y el vocabulario del vasallaje feudal para rendir tributo a su dama. Ella se transforma en señora y el caballero en vasallo por amor, el cual se comprometía a servirla, incluso hasta la muerte; así, el movimiento del amor cortés es la reflexión del amor en sí mismo, la mujer es el medio del amor, la lengua vulgar el vehiculo hacia el entendimiento de su propio yo interior y el deseo es la fuente y raíz de la creación.

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jueves, 3 de febrero de 2011

El concepto de Amor en Dios. San Agustin vs Dante

El Diccionario de la Real Academia Española define el término amor, como el sentimiento que inclina el ánimo hacia lo que le place. Este postulado puede sonar sencillo y de menor profundidad a simple vista; no obstante, el estudio y análisis del amor como sentimiento, don o como sensación ha tenido una larga trayectoria y complejo devenir; después de todo el hombre vive y se mueve a través de éste, se ha convertido en fuente de inspiración y se conoce ahora incluso la reacción fisiológica y neurológica que se genera gracias a esta pequeña palabra de cinco letras. Con el pasar del tiempo se le ha atribuido un origen diverso, se le ha querido mostrar ya sea como una reacción sensorial que responde a la naturaleza o como un don divino que se le ha otorgado al ser humano con la intención de que éste reniegue de sus propios instintos y se haga una mejor persona según los designios providenciales.
Dentro de las diversas concepciones sobre el amor que se han instaurado a lo largo de la historia nos ocuparemos de dos solamente, lo cual puede parecer poco a los ojos de aquel que no conoce sobre el tema, no obstante, son las perspectivas de mayor importancia e impacto en nuestra sociedad aún en la actualidad. Las nociones del amor que nos ocuparán serán la presente en el ideario de San Agustín, conocido como uno de los principales teólogos de la fe cristiana, personaje que a través de su texto “Confesiones” será responsable de otorgarnos una serie de postulados cuyo eje principal es Dios y luego el hombre como complementación del primero. Por otro lado, será interesante comprender el cambio que se genera en la definición del amor con la irrupción del movimiento medieval del Amor Cortes, que rompió las barreras y cánones sociales y religiosos para presentarnos una perspectiva novedosa y en ocasiones polémica que contrarrestaba claramente con lo estipulado con anterioridad, utilizaremos para este fin a uno de sus principales autores el italiano Dante de Alighieri, dándole primacía a una de sus obras principales “La Vida Nueva.”
Si observamos de cerca la obra de estos dos autores veremos que no son tan disimiles como se les ha querido mostrar, existe un vinculo entre ellos que los asemeja, siendo éste la idea del amor como un reflejo o regalo de Dios. Es imposible revisar la obra de San Agustín de Hipona sin darse cuenta que el móvil que dirige todo su accionar es el amor hacia Dios, cabe destacar que según el teólogo éste no es un caso excepcional sino que se aplica a todos los seres humanos en general, quienes de una forma u otra han sido tocados por dicho ser superior quien ha de determinar su destino así como ha de regalarles la capacidad para ser movidos por esa corriente denominada amor.
San Agustín demuestra en su obra “Confesiones” un realismo sorprendente en cuanto a la comprensión del hombre se refiere, no existe un idealismo exacerbado con respecto al ser humano como se pudiese imaginar; por el contrario hay un entendimiento bastante claro sobre aquel móvil que insta al hombre a actuar, ya sea para su bien o no. El deseo se constituye como el principal elemento que genera una reacción en el individuo y un sentido de búsqueda de aquello que se desea. Agustín estructura entonces en su definición de lo que es el amor la idea del anhelo como uno de sus elementos integrantes, considera que amar al fin y al cabo es simplemente anhelar, es plantearse una meta con respecto al objeto deseado, con respecto al amado que genera un movimiento en torno a él buscando su obtención. Considera el autor que este anhelo debe dirigirse a algo que le produzca bien al propio hombre sino, no podría ser considerado amor propiamente, ya que aquello que no produce un bien no lo hará feliz y no tiene sentido hablar del amor si se deja de lado que éste debe producir primordialmente la felicidad de aquel que ama. Esta situación es explicada por Arendt (2001)

Nuestro anhelo se dirige a un mundo que conocemos, y no descubre en el nada nuevo. La cosa que conocemos y deseamos en un bien; no la buscaríamos por sí misma sino lo fuese. Todos los bienes que deseamos en nuestra búsqueda de amor son objetos independientes, desligados de otros objetos. Cada uno de ellos no representa más que su bondad aislada. (p. 23)


Es entonces el amor una posibilidad de hallar la felicidad a través de la identificación entre el que ama y el que es amado, aunque esta felicidad estará en muchos casos empañada por el temor de perder al objeto de su amor o, en dado caso, de fallar en la conquista del mismo. Podemos decir entonces, que el amor a simple vista se genera a partir de una relación entre la felicidad y el miedo al mismo tiempo, si no se teme por él no podrá ser amor porque aquel que no teme entonces es indiferente con respecto a lo que se tiene. Arendt (2001) expone:

El rasgo distintivo de este bien que deseamos es que no lo tenemos. Una vez que tenemos el objeto, nuestro deseo cesa. A no ser que estemos amenazados por su perdida. En este caso, el deseo de tener se torna temor de perder. (23)

El amor anhela la vida y teme la muerte, porque una vida sin tal emoción es simplemente la muerte según el autor, y uno de los fines del amor es tratar de alejarse del temor al igual que lo será también el alcanzar un bien que va más allá de los deseos. Amar es más complejo de lo que el hombre se percata, esto debido a que el sentimiento que podemos sentir es un reflejo de algo mucho más grande que el propio hombre, es el reflejo de la acción divina que se manifiesta terrenalmente gracias al amor; con respecto a esto Hipona (1957) indica:

Deseando tener amor, buscaba a quien amar, que era lo mismo que aborrecer mi seguridad y el camino que estaba libre de lazos y peligros. Esto provenía de que estaba muy falto y necesitado de aquel interior alimento, que sois Vos mismo, Dios mío. (p53)

Las obras de Dios han sido muestra de su amor hacia los hombres quienes deben retribuirlo de la misma forma, manifestando su devoción a la divinidad y amándola más que a cualquier otra presencia terrenal o espiritual. Según esta concepción agustiniana existen dos formas de amor, una que es naturalmente justa y otra que no lo es realmente, una que va más allá de lo temporal y otra que se aferra a lo terrenal, uno que busca la eternidad y el equilibrio que se denomina caritas y el otro que es totalmente mundano y humano, cupiditas. El primero se erige como la razón de todo aquello que emana por y gracias al bien y el segundo será el punto de origen de todos los males. Es por esta razón que San Agustín postula una de sus más famosas frases, “Ama, pero cuídate de lo que amas.” Dando a entender que no necesariamente aquello que nos mueve y que anhelamos es realmente lo que nos hará feliz y que en muchos casos tal cupiditas será un falso amor ya que no corresponde a los designios de Dios y al corresponder a un deseo mundano no podrá ser verdaderamente feliz ni alcanzar realmente el cumplimiento de su anhelo. Hipona (1957):

Y ¿qué era lo que me deleitaba sino amar y ser amado? Pero en esto no guardaba yo el modo que debe haber en amarse las almas mutuamente, que son los límites claros y lustrosos a que se ha de ceñir la verdadera amistad; sino que levantándose nieblas y vapores del cenagal de mi concupiscencia y pubertad, anublaban y obscurecían mi corazón y espíritu de tal modo, que no discernía entre la clara serenidad del amor casto y la inquietud tenebrosa del amor impuro. Uno u otro hervían confusamente en mi corazón, y entrambos arrebataban mi flaca edad, llevándola por unos precipicios de deseos desordenados, y me sumergían en un piélago de maldades. (p. 38)

El hombre por sí solo no existe ni puede ser definido realmente según el autor, no es autosuficiente y no soportará el aislamiento de ninguna manera, lo cual puede ser ejemplificado al momento de analizar el propio génesis bíblico, según el cual Dios crea a Eva al darse cuenta de la soledad de Adán y la necesidad de que éste rompa su propia burbuja que lo encerraba en una entidad sin amor ni compañía; ya que el hombre a diferencia de Dios es incapaz de soportar una existencia cargada por la bendición de la llamada soledad divina. El Hombre incluso quiebra su exilio simplemente por amor, el cual al momento de poseerlo forma una suerte de hogar para el individuo. El movimiento del amor llega a su término cuando se puede generar realmente la posesión del amado además de su conservación natural, que tendrá como consecuencia la culminación del aislamiento porque un hombre que ama no será ni infeliz ni estará ya nunca por sí sólo, al fin y al cabo los amantes siempre han sido y serán uno sólo y descubren así su propia realidad. Resulta destacable que Hipona establece que la felicidad llegara realmente cuando el amado se convierte en elemento del propio ser, inherente a él de manera permanente. Cuando el adorado y el amante se vuelven uno sólo se alcanzará finalmente el caritas que hace de la pareja una sola persona y une a dos seres diferentes a través del amor a Dios, ya que El consolida y origina el saber, es un ente autosuficiente que se erige por encima de los hombres y los gratifica gracias al mutuo amor.
San Agustín también postula que el hombre debe tener cuidado de sus propios deseos, debe evitar que estos se originen por simple búsqueda del placer y la satisfacción de los sentidos sin que su fin trascienda al mismo hombre como debería de serlo; este anhelo que peca de ser mundano es esclavizante ya que genera dependencia entre lo externo y aquello que se considera inalcanzable. Agustín se convierte entonces en un hombre de pensamiento escéptico hasta cierto punto, ya que considera que el mortal debe estar por encima de sus sentidos y en la mayor parte de los casos está en la necesidad de desconfiar de ellos. El cupiditas puede engañar al individuo de diversas formas pero lo hará principalmente manifestándose como aquello que parece agradable y atacará propiamente a sus sentidos en un primer momento; la visión es el único que en dado caso podrá ser de ayuda al individuo para reconocer lo mundano y alejarse de lo mismo, reconocerá la tentación si los ojos de verdad quieren ver más allá del simple placer. El hombre está en la capacidad entonces de diferenciar el verdadero amor del falso; no obstante esto ha de depender de las intenciones del individuo de alejarse de uno y acercarse a aquel que le ofrece la eternidad, de desear la trascendencia y no la simple satisfacción de los deseos mundanos.
El punto primordial de la obra de San Agustín consiste en vincular el ser del hombre con el ser de Dios, es expresar la superioridad del ente divino por encima del terrenal, hacernos ver que el ser humano es simplemente una obra de Dios y no podemos entendernos a nosotros mismos sin entenderlo a Él o al menos intentarlo, no podemos amar sino lo amamos a Él. Dios es parte del ser interior, es su quintaesencia, su elemento definitorio y en la medida que nos identifiquemos con Él seremos capaces de identificarnos con el objeto de nuestro amor. Dios garantiza la felicidad del hombre a través del amor que nos une a Él y nos hace participes de su obra y de su cosmos. “Si te agradan los cuerpos, toma de ellos motivos para alabar a Dios, y haz que el amor que les tienes vuelva y llegue hasta su creador, no sea que en las cosas que te agraden a ti le desagrades tu a Él.” (Hipona, 1957, p. 91)
Al momento de referirse al amor, San Agustín establece un criterio de prioridades que se divide en tres esferas principalmente: la superior, que se dirige a Dios, la que responde a la alteridad que hace referencia a aquellos que están a nuestro alrededor y la inferior siendo la creada por el propio Dios y manifestada a través de los hombres. Lo curioso de este postulado es que todos estos elementos se interrelacionan entre sí, incluso Agustín lo expone en su opinión sobre los mandamientos al considerar que los de mayor importancia serian los que exigen el amor a Dios y al prójimo; es imposible que aquel que ama y al mismo tiempo teme a la divinidad sea capaz de incumplir alguna de sus otras ocho máximas. Además, indica que aquel que ama a Dios en consecuencia se amará a sí mismo y a todas sus obras, por ende a la naturaleza y al resto de los hombres, no se puede amar a medias, quien goza del sentimiento en su plenitud lo dirigirá hacia cada una de las manifestaciones de Dios y dedicará su vida a la exaltación de su espíritu por encima de cualquier instinto vulgar y terrenal. Dios es amor y este elemento se convierte en la perfección de cualquier precepto. Hipona (1957):

Dichoso el que os ama a Vos, y a su amigo le ama en Vos, y a su enemigo por temor a Vos. Porque sólo está libre de perder a ninguno de sus amados, quien los ama a todos en Aquel que nunca puede perderse ni faltar. ¿Y quién es éste sino nuestro Dios, y un Dios que hizo el cielo y la tierra, y que llena tierra y cielo, porque llenándolo los creó? (p.88)
Sin embargo, el principal postulado que realiza San Agustín con respecto a este punto es el hecho de que el amor es un don divino, el cual nos es otorgado con la intención de que haya justicia en el mundo a través del amor al prójimo y por extensión a Dios o viceversa, y es el Espíritu Santo quien confiere la fuerza al hombre para buscar al objeto de su amor y así liberarnos del temor de que la vida transcurra sin tener conocimiento del mismo, sin entender la supremacía de Dios en nuestros sentimientos y sin alcanzar realmente la felicidad gracias al despojamiento del propio yo para pasar a formar parte de una unidad mucho mayor que sus partes.
En el mismo momento en que el hombre se enamora debe compartir su ser con Dios en primera instancia y luego con aquel que ama. Se aliena de su propio yo para pasar a ser el reflejo del amor que lo colma, es por esta razón que San Agustín no comprende la idea del amor alejada de la gracia de Dios, el ser humano por sí solo es completamente incapaz de percibir el verdadero amor, éste es una emanación directa de una realidad superior que se manifiesta en los hombres a través de su capacidad de percibir el goce de un sentimiento abstracto y superior, que lo domina y condiciona, que le permite dividir su ser para comprender otro dentro de sí mismo.
Siglos después, hacia finales de la Edad Media surgirá en el seno de la civilización occidental un movimiento artístico que estudiará al amor en toda su extensión, el Amor Cortes. Éste se opone en principio a la idea teológica cristiana del amor y se dedica en cambio a una concepción un poco más humana y desacralizada, lo consideran un amor netamente heterosexual el cual no tiene mucho que ver con Dios y aprueba sin duda el desarrollo de las pasiones ilimitadas por parte de los hombres. Al mismo tiempo, es destacable que tendrá una naturaleza menos misógina por el contrario, encontraremos un mayor respeto e idealización de la mujer, la cual se convertirá en el centro y eje de sus manifestaciones, lo que parece contradictorio entendiendo el panorama histórico social de la cultura medieval, la cual se destaca por ser un tanto hermética en cuanto al desarrollo femenino se refiere; Singer (1999):

El amor cortesano en todas sus variedades, depende de manera similar de la tradición del Eros. El amor cortesano se limita a los seres humanos, mientras que el amor místico se dirige a Dios, el cortesano cultiva el deseo sexual mientras que el místico desea eliminar todo excepto lo espiritual; el cortesano es herético o no religioso y representa, por ende, actitudes mundanas a las que el místico pretende renunciar. Al mismo tiempo, el amor cortesano y el místico se asemejan de manera que revelan su ascendencia platónica. (p.54)

Sin embargo, existirá una corriente artística de manifestaciones verdaderamente distintas al amor cortes que tendrá por fin una mayor sacralización del concepto del amor, éste es conocido como el fin´amors, término provenzal que significa amor puro. Las influencias neoplatónicas de la época, provenientes específicamente del medio oriente serán determinantes en la conformación de este movimiento trovadoresco, el cual se valdrá de este misticismo y de la teorización cristiana para conformar su obra
El fin amor se erige como un movimiento artístico de idealización y alegorías, los poetas iban más allá de sus simples sentidos y convertían en objeto de su adoración a mujeres, pero no solo de manera terrenal sino que realizaban una suerte de abstracción según la cual era un objeto externo a la dama y superior a ella en cualquier sentido, el cual adoraban. Uno de los postulados del fin amor es la máxima de Sócrates, según la cual el amor es definido como el deseo de posesión de un bien, este deseo se presenta en absolutamente todos los hombre. Sin embargo, es el filósofo el único capaz de sentir el amor en todo su esplendor y satisfacer su anhelo debido a que conoce la verdadera belleza del sentimiento y puede desplegar completamente la virtud a diferencia del resto de los humanos. No obstante, debemos recalcar que para la época del fin amor la figura del filosofo fue desdeñada y en cambio se asumió al trovador, al poeta, al caballero y en fin a cualquiera que estuviese en interés de perfeccionar su arte, y por lo tanto fuese capaz de cumplir el rol del filosofo dentro de la concepción de Sócrates y buscar la sumisión al amor como una forma de vida principalmente.
Platón hace referencia en su obra “Simposio” a las características del verdadero amante, las cuales fueron tomadas y adaptadas por los cortesanos como modelo. Se trata de un hombre cuyos intereses son pasionales y humanos además de filosóficos, un individuo que se enamora de la belleza absoluta, la cual se convirtió en un patrón con el amor cortes. Los trovadores exaltaban la belleza femenina al punto de hacerla inigualable además de considerar este atributo como el más importante y necesario. Rougemont (2006):

El amor perfecto parecía requerir una dedicación totalmente espiritual a la belleza absoluta, que trasciende el cuerpo y llegue a descartarlo como se descarta una escala que no sirve. Pero quizás, parece decir Platón, esto es esperar demasiado de los hombres, aún de los más nobles y filosóficos. Al vivir en el mundo, como debe hacer necesariamente, tal vez el amante sólo pueda esperar subyugar los deseos físicos sin eliminarlos, usando el cuerpo como un vehículo para llegar a la belleza espiritual, es decir, como un medio siempre presente para aproximarse al ideal. (p.59)

Dichos argumentos se convirtieron en postulados del amor cortés y fueron usados al pie de la letra por los trovadores en la medida en que podían. De igual manera, parece ser que tales artistas sólo lograron acceder a la obra de Platón a través de la influencia neoplatónica oriental, en especial gracias al filosofo Plotino del siglo III, quien resalta la idea de equilibrio platónica y argumenta que el hombre debe llegar a una posición intermedia entre el ser puramente espiritual y el absolutamente terrenal. La búsqueda de este punto medio daría paso al fin amor como movimiento que combina las realidades terrenales con la búsqueda de una superación y evolución mística. Incluso se llegaría a poner en boga la idea de unificación, según la cual el hombre debe fusionarse con su amada con el fin de convertirse en una misma persona, y sólo así alcanzar realmente la belleza absoluta. González (2005):

Aunque el pensamiento trovadoresco se relaciona con la filosofía musulmana, no puede sin embargo reducirse a ella. Porque los trovadores introdujeron algo que ni Avicena ni Ibn Hazm hubieran siquiera imaginado: una especia de autonomía o autosuficiencia del amor humano, lo que lo convertía en una trayectoria cerrada en sí misma. (p.65)

La exaltación de la belleza en el amor viene definitivamente de la propia concepción de Platón, no obstante para la edad media se idealizaría la belleza física principalmente mientras que el autor griego consideraba que se debía adorar la belleza y gracia interior, la atracción sería principalmente de carácter intelectual lo que daría luz a la idea sin barreras del amor platónico. Podemos afirmar entonces que el amor cortés y sus derivaciones si bien tienen un principio platónico éste ha sido deformado de manera tal que se ajuste a las necesidades y los convencionalismos de la época medieval. La belleza física, según el filosofo, no dependía de superficialidades sino que, por el contrario le confería al amante otorgarla al amado, la belleza esta en los ojos de quien la mire es una aseveración bastante adecuada para explicitar este postulado. Es por esta razón que Morquino (1965) expone:

La experiencia cotidiana muestra bien como el amor embellece su objeto, y como la belleza oficial no es una prenda para ser amado. Pero el platonismo degenerado, que nos obsesiona, nos hace ciegos a la realidad del objeto tal como es en su verdad, o bien nos la convierte en poco amable. Y nos lanza en persecución de quimeras que no existen más que en nosotros. (p.76)

A pesar de esto, existirán artistas que irán un paso más allá de esta concepción netamente cortesana para adentrar su obra a niveles de mayor espiritualidad y al mismo tiempo complejidad, este será el caso también de Dante Alighieri quien en su obra “La Vida Nueva” hace despliegue de un trabajo de mayor profundidad y carga filosófica que la de la mayor parte de sus coetáneos. La obra de Dante pertenece al movimiento del fin´ amors y se manifiesta como una lectura con un importante trasfondo religioso y en muchos casos neoplatónico, después de todo dicho escritor perteneció al circulo neoplatonista de la época durante un largo tiempo.
Dentro de la filosofía dantesca predomina una percepción espiritual del amor. Su obra definitivamente se aleja de las composiciones mundanas de la época, por el contrario busca plantearse la idea del amor no sólo como un sentimiento sino también como una vía de superación espiritual, como una herramienta para evolucionar. La pareja sería vista como mucho más que dos personas, se trata de una composición perfecta y simétrica que uniría dos vidas y dos seres en uno sólo. El autor incluso llega a aseverar que la misma naturaleza es un acto de amor, y nuevamente recordamos a San Agustín ya que incluso persiste la idea de anhelo, de búsqueda de la consecución de un bien el cual se daría a lugar a partir del amor. Presenta la idea entonces que el amor es una necesidad individual para el desarrollo particular. Asimismo, el autor expone que este bien que consolida el amor sólo puede alcanzarse por medios espirituales, es decir, el amor no habrá de manifestarse en cualquier persona sino que sólo podrá ser expresión de aquellos que comprendan su verdadero peso, valor y significación, para lo cual es necesario que se tenga una dirección eminentemente espiritual.
Una de las máximas de Alighieri es la idea de que el amor humano expresa su máxima plenitud en el amor a Dios, hace una diferenciación por lo tanto entre lo que sería el amor terrenal y el divino; el primero sería de un carácter más frívolo y de menor valor que el segundo, el cual se presenta como una forma de consolidación amorosa basada en el desarrollo del espíritu y del alma; asimismo, conoce verdaderamente el significado y origen de tal sentimiento, busca su origen en un plano superior y conoce su peso e importancia en un nivel de mayor iluminación, el cual sólo estará permitido para aquellos que profesen dicha magnificencia al momento de amar y estará negado para aquellos que se conformen con las pasiones terrenales. Mandrioni (2001):

Pero a partir de esta inicial experiencia de desamparo (indiferencia de Beatriz con respecto a Dante) comienza a gestarse un camino de iniciación: se podría hablar en Dante de una identidad peregrina que se va haciendo diáfana a medida que hace el recorrido. De ahí que podamos decir que la identidad del peregrino, entretejida en el rostro de un nosotros, gana en la persona finita el equivalente de lo infinito, es decir, su perfección (p.285)

Otro de los puntos destacables de la obra de Dante es la referencia a su amor por Beatriz, la musa de su obra y personaje que se convierte en una suerte de tipo ideal o de mujer icónica de la belleza del fin amor. Se trata de una belleza más allá de cualquier percepción humana, ésta se eleva a planos aún no conocidos por simples mortales y que realmente poco tiene que ver con la idea de una femina como cualquier otra. Beatriz se erige incluso como un modelo a seguir, como un patrón de beldad y armonía sobrenatural; lo que nos indica que la gracia de su musa puede ser propiamente un símbolo de teología, de gracia plena. Alighieri (2003)

Y a la verdad que desde entonces enseñorease Amor de mi alma, que a él se unió incontinente, y comenzó a tener sobre mi tanto ascendiente y tal domino, por la fuerza que la daría mi misma imaginación, que vime obligado a cumplir cuanto se le antojaba. Mandabame a menudo que procurase ver a aquella criatura angelical. Yo, pueril, andabame a buscarla y la veía con aparecer tan digno y tan noble que ciertamente podiansele aplicar aquellas palabras del poeta Homero <No parecía hija de hombre mortal, sino de un Dios> (p. 265)

Resulta destacable que etimológicamente el nombre Beatriz significa dadora de bendiciones y que el autor en la vida nueva la identifica con el número nueve, el cual entre sus múltiples significados se cuenta al poder de todas las musas y la raíz de tal número es el tres, que puede estar haciendo referencia a la santísima trinidad. Ella es la quintaesencia de la pureza y son sus cualidades la que la convierten en la mujer que inspiro la prosa de Dante, quien la utilizo como ejemplo de perfección. Canalejas (1898):

Su concepto de belleza es en primer lugar una liberación estético religiosa, que se sirve de la fuerza anticonfigurante del acto creador. Ligada a esta belleza va logrando una forma de identidad: aquella que lo libera de su propia oscuridad. En este sentido Beatriz prepara la aparición de la belleza final como mediadora entre el cielo y la tierra. (p.286)

Existen especialistas en literatura como lo es Héctor Mandrioni el cual considera que concurren tres características definitorias en la prosa de Dante que lo distinguen de cualquier otra autor, las cuales son: la naturaleza de Beatriz radica en su belleza interior y la pureza de su alma, los elementos externos no son tan prioritarios como para la mayor parte de los trovadores de la época; se trata entonces de una representación icónica del modelo de mujer al cual se debe seguir y tomar como inspiración. Por otro lado, Dante es ahistórico, es decir, trasciende los planos temporales y espaciales para asumir el amor como una idea despersonalizada, y por último el amor que genera Beatriz asume una figura de proyección divina, su aparición es tomada casi como un milagro y su belleza parece un don dado por la misma providencia, es un reflejo del amor divino y estar cerca de ella es estar cerca del propio Dios. Su propia armonía inspira amor por lo tanto la mujer se convierte en un intermediario o una figura de mediación entre el hombre y la divinidad. Mandrioni (2001):

Ella (Beatriz) es más cristológica en la Vida Nueva que en la comedia, aunque allí en ocasiones me recuerda lo que los gnósticos llaman “el Cristo ángel”, pues ella desbarata la diferencia entre lo humano y lo angélico. La fusión entre lo divino y lo mortal, puede ser o no herética, dependiendo de cómo se presente. (145)


Asimismo, Dante al igual que San Agustín asume una actitud donde la figura de Dios es primigenia, sin embargo existen variaciones en sus postulados, para Hipona el amor proviene de Dios en primera instancia, no obstante, para Alighieri el amor es una forma de entablar un vinculo entre el hombre y Dios. De ambas formas, existe una interrelación entre la deidad y el humano pero se formula en sentido contrario, de arriba abajo y a la inversa respectivamente, cuyo nexo es la capacidad y posibilidad no sólo de experimentar el sentimiento sino también de estar completamente al tanto de lo que éste equivale y conlleva. Es el conocimiento de que el amor abarca en su seno la verdad absoluta para aquel que está dispuesto a alejarse de lo mundano y contraerse en lo divino lo que asemeja al africano del siglo IV con el italiano del XIII.
Los conceptos de amor manejados por ambos autores no son tan distantes entre sí, uno y otro se adentran en la concepción del amor para hacerla ver como algo mucho más importante que una reacción bioquímica o el reflejo de un simple deseo mundano y hasta cierto punto humano; el amor para dichos escritores está impregnado de las ideas de Platón, se encuentra determinado por una abstracción superior, que no sólo le otorga al hombre la capacidad de experimentar la dicha del sentimiento sino que también se presenta como la posibilidad de emprender un sendero espiritual que consolide la formación del individuo como un ente capaz de comprender la verdad absoluta y de sumergirse en la peregrinación y superación de su alma, acercándose cada vez más a ese origen perpetuo que conforma Dios.
Resulta destacable que aun hoy en día, cientos de años después, la figura de Dios sigue siendo parte del imaginario colectivo cuando se trata de relacionar la existencia de tal sentimiento con la de dicha entidad superior, no en vano un 68% de los encuestados afirmaron la existencia de un nexo que vincula a Dios con el amor, ya sea viendo que éste es la cima de tal sentimiento o que por el contrario, es su umbral. De cualquier manera, es Él participe de tal emoción, y es el amor reflejo de su acción. Parece absurdo entonces pretender explicar el amor partiendo de logaritmos y preceptos científicos que poco tiene que ver con la magnificencia de tal palabra de tan sólo cuatro letras, por el contrario resulta lógico o pertinente buscar en este sentimiento una raíz mucho más profunda y compleja que pueda darnos una idea de lo que éste conlleva en su seno, y al mismo tiempo otorgarnos un ideal como personas por el cual guiarnos y adentrarnos, entendiendo de una vez por todas que al fin y al cabo la medida del amor es amar sin medidas.

Referencias Bibliográficas.
· Alighieri, D. (2003). Vida Nueva. Madrid: Cátedra.

· Arendt, H. (2001). El Concepto de Amor en San Agustín. Madrid: Encuentro.

· Azcarate, N. (1966). Noches Literarias en Casa de Nicolás Azcarate. Barcelona: Antilla.

· Bloon, H. (2005). Genios: un mosaico de 100 mentes creativas y ejemplares. Bogotá: Norma.

· Canalejas, P. (1908). Curso de Literatura General. Madrid.

· Colihua, C. (2008). Dante Alighieri: Concierto. Buenos Aires: Clásica.

· González, A. (2005). Introducción a la Cultura Medieval. México: Siglo XXI.

· Hipona, A. (1957). Confesiones. Barcelona: Editorial Iberia.

· Mandrioni, H. (2001). Pensamiento, Poesía y Celebración. Buenos Aires: Biblos.

· Morquino, T. (1965). Dante y las Mujeres. Buenos Aires: Ediciones Siglo XXI.

· Singer, I. (1999). La Naturaleza del Amor. México: Ediciones Avicena.

· Rougemont, D. (2006). El Amor y Occidente. Madrid: Editorial Raikos.

domingo, 30 de enero de 2011

Guilhem de Peiteu: Molt jauzions mi prenc en amar




Molt jauzions mi prenc en amar (Muy felizmente, comienzo a Amar)

Molt jauzions mi prenc en amar
Un joi don plus mi vueill aizir;
E pos en joi vueill revertir,
Ben dei, si puesc, al meils anar,
Quar meillor n'am, estiers cujar,
C'om puesca vezer ni auzir.
Muy feliz, comienzo a amar
una alegría de la cual tendré más placer;
y, puesto que quiero estar de nuevo a alegría
bien debo , si puedo, aspirar a lo mejor;
puesto que amo lo mejor, sin duda,
que uno pueda ver u oír.
Eu, so sabetz, no-m dei gabar
Ni de grans laus no-m sai formir;
Mas si anc nuill jois poc florir,
Aquest deu sobretotz granar
E part los autres esmerar
Si com sol brus jorns esclarzir.
Yo (usted sabe) no debo jactarme
ni atreverme a alabarme a mi mismo demasiado;
pero si puede una alegría florecer,
éste debería sobretodo echar raíces
y brillar sobre todos los demás
como el día se torna más brillante.
Anc mais no poc hom faissonar
Car en voler ni en dezir
Ni en pensar ni en consir
Aitals jois non pot par trobar;
E qui be-l volria lauzar
D'un an no-i poiri' avenir.
Y nunca podía cualquier persona retratarlo
por solicitud o deseo
ni en pensamiento ni en la imaginación
tal alegría no puede hayar equivalente;
y si uno quiso elogiarlo correctamente,
no podría hacerlo ni en un año.
Totz jois li deu humeliar
E tota ricors obezir,
Midons, per son bel acuillir
E per son dous plazent esgar;
E deu hom mais sent tans durar
Qui-l joi de s'amor pot sazir.
Cada alegría debe inclinarse
y todos la realeza obedece a
mi señora, debido a su amabilidad
y de su rostro placentero y dulce;
y él vivirá cientos de veces más
quién puede participar de su amor.
Per son joi pot malaus sanar,
E per sa ira sas morir,
E savis hom enfolezir
E belhs hom sa beutat mudar
E-l plus cortes vilanejar,
E-l totz vilas encortezir.
Debido a su alegría puede volver sano lo enfermo
y debido a su descontento pueden un hombre sano morir
y un hombre sabio volverse loco
y un hombre hermoso pierde su belleza
y el más cortés se convierte en patán
y el más más grosero se transforma en cortesano
Pus hom gensor no-n pot trobar,
Ni hueils vezer, ni boca dir,
A mos obs la vueill retenir,
Per lo cor dedins refrescar
E per la carn renovelar,
Que no puesca enveillezir.
Puesto que nadie puede encontrar a una mujer más digna
ni los ojos ven una, ni la boca describe una,
Quiero guardarla toda para mí,
para traer frescura a mi corazón
y para renovar mi carne,
de modo que no pueda envejecer.
Si-m vol midons s'amor donar,
Pres soi del penr'e del grazir
E del celar e del blandir
E de sos plazers dir e far
E de son pretz tener en car
E de son laus enavantir.
Si mi señora quiere concederme su amor,
Estoy listo para recibirlo y ser reciproco
Estoy listo a la discreción y al halago
y para decir y hacer lo que ella satisface,
y para mantenerla digna de consideración
y para fomentar su reputación
Ren per autrui non l'aus mandar,
Tal paor ai c'ades s'azir!
Ni ieu mezeis, tan tem faillir,
Non l'aus m'amor fort asemblar;
Mas ela-m deu mon meils triar,
Pos sap c'ab lieis ai a guerir.
No me atrevo a comunicarme por poder,
tanto miedo tengo de encolerizarla;
ni yo mismo, tanto yo tengo miedo de fallar,
me atrevo a declarar mi amor precisamente;
Pero ella debe elegir que es lo mejor para mí
porque ella sabe que debo ser salvado a través de ella.